No recuerdo su voz
Hay cosas que sabes desde el principio, pero no entiendes hasta mucho después. Yo sabía que estaba muerto. Pero no lo había asumido de verdad. No con todo lo que eso implica.
Ahora sí.
No va a volver.
Ni su voz, ni sus abrazos, ni su forma de sonreír.
Nada.
Durante mucho tiempo seguía estando de alguna manera. No físicamente, claro, pero presente. En recuerdos, en frases suyas que todavía podía pensar con claridad, en la sensación de que había existido exactamente como yo lo recordaba.
Mientras su voz seguía más o menos intacta en mi cabeza, todo lo demás parecía menos definitivo.
La voz era el ancla.
No fue de golpe. No me desperté un día sin recordarla. Fue darme cuenta, poco a poco, de que ya no sabía cómo sonaba exactamente. Que si intentaba imaginarla, me venía algo impreciso, como una versión mal hecha. Sabía cómo hablaba, sabía qué decía, pero no sabía cómo sonaba. Y eso me dio más miedo del que esperaba.
Ahí entendí que algo había cambiado. No porque yo estuviera olvidando, sino porque ya no quedaba nada vivo a lo que agarrarse.
La voz no es un recuerdo cualquiera. Es presencia.
Y cuando desaparece incluso de tu cabeza, entiendes que no queda nadie al otro lado.
Desde entonces empiezo a entenderlo de otra forma. No como una idea triste, sino como un límite. No va a aparecer. No va a estar en ningún futuro. No hay posibilidad, ni siquiera imaginada. Y pensar eso pesa.
No es una tristeza constante. Es algo más plano. Más silencioso. Una certeza que se queda ahí incluso cuando no estás pensando en ello.
Me doy cuenta de que el duelo no es llorar, sino ir perdiendo cosas.
Primero la voz. Luego gestos. Luego detalles pequeños que creías que no se iban a borrar. Y cada vez que algo se va, tienes que aceptar la muerte otra vez.
No recuerdo su voz.
Y eso ha sido lo que me ha hecho entenderlo.
No quiero buscar consuelo en esto. No quiero pensar que sigue de alguna forma bonita. No quiero suavizarlo. Está muerto. Y asumirlo no me calma, pero tampoco quiero seguir engañándome.
Quizá recordar no siempre es conservarlo todo. Quizá a veces es aceptar que hubo alguien, que fue importante, y que ahora su lugar es el silencio.


Que bonito, que trasparente y que doloroso. Es muy fácil conectar con el texto por la manera en que lo has escrito. Mucha fuerza